Parece que los colores son diferentes con una cámara analógica. La Torre Eiffel se oculta bajo una mancha negra encima del Arco del Triunfo. El triunfo que ni los Nazis quisieron celebran pasando por debajo del mismo.
No es fácil no haber visto nunca París y querer verlo todo.
Ella – Sí vamos a París tengo que verlo todo.
Él – No vamos a tener tiempo. Pero esta no va a ser la última vez que te traiga.
Con su llamativo acento del sur, él cogió su mano y entraron dentro de un tren repleto con destino a París. Un espléndido tiempo les acompañaba, pero al mismo tiempo, un calor sofocante en pleno Agosto con la calima parisina.
Ella – Lo primero que quiero, después de comerme un Croissant, es ver el Louvre.
Caminando por la Avenida de Rivoli y tras dejar atrás a la pobre destruida Notre Dam, se acercaron a uno de los lugares más mágicos del planeta, donde se esconden algunas de las obras de arte más importantes del mundo.
Como la idea era verlo todo, tuvieron que seguir adelante cruzando los jardines de Tuileries. Por puro placer de la reina madre Catalina de Médicis, se creó este enorme complejo de monumentales edificios y jardines juntos al río Sena.

Ambos de la mano, tras una parada para refrescarse, decidieron avanzar por todo el complejo hasta quedar prácticamente al costado del puente de Alejandro III, junto a la cúpula de Los Inválidos de fondo. Sus impresionantes columnas con adornos dorados creó una enorme sensación de grandiosidad en Ella.
París guarde lugares magníficos donde degustar comida original. Ella fue en este caso quien sorprendió a Él con Maison Sauvage. La fachada llena de flores con un ambiente juvenil y platos realmente sabrosos, dieron un descanso merecido a un fin de semana repleto.

Ella siempre dice que uno de los aspectos que más le impresionan sobre Él, es lo orgulloso que se siente de la importancia e historia de su país. Esto pudieron verlo perfectamente enfrente de la tumba de Víctor Hugo, Rousseau o Montesquieu en uno de los edificios más colosales de la capital.
Él había estudiado u oído hablar de todas y cada una de las personas célebres que habían hecho algo importante por su país. El Panteón los recoge a todos ellos en su descanso bajo su gran cúpula.

83 metros de altura, coronan una cúpula que nada tiene que envidiar a Roma.
El calor comenzó a ser sofocante y los labios de Ella buscaban la frescura de un helado. Tras un ligero paseo por el Barrio Latino, ambos llegaron al Jardín de Luxemburgo. Preciosas flores y fuentes repletas de personas disfrutando del buen tiempo, hicieron las delicias de un descanso merecido.

Él – Necesito descansar un poco antes de enseñarte aquello que llevas tanto tiempo esperando.
Sobre las siete de la tarde decidieron regresar al Hotel asentado en el barrio de los Bulevares. París esconde detalles en los lugares menos esperados. Al entrar y salir de cada estación de Metro, es posible sentir la esencia en el diseño de Héctor Guimard de principios del sigo XX. Más de 100 años viendo millones de personas pasar por sus arcos forjados en hierro.
Ella – Creo que ya me siento mejor para poder verla.
Tras salir de la boca de Metro: Él – Cierra los ojos.
Ambos ubicados en la parada de Trocadero contemplaron la imponente figura de 300 metros.

Tenían que subir, tenían que hacerlo porque a pesar de convertirse en el edificio más visitado del mundo y como tal, una atracción turística, Ella quería hacerlo una vez en su vida.
1887 fue el año que creó un punto de inflexión en la historia de Francia, y todos sus ciudadanos lo saben. Ella tuvo la sensación de que en realidad el universo el entero sabia la importancia en la creación de ese edificio.
Fue « divertido » escoger las escaleras como opción de subida a la estructura en pleno verano. Pero las vistas merecieron la pena.

Tras caminar más de 40. 000 pasos, porque « Quería verlo todo » decidieron ingerir una gran cantidad de energía. Volviendo a la zona de Opera encontraron Mamie! con un ambiente muy acogedor y rica comida variada donde descansar las piernas, alma y llenar el estómago.
Él – Necesito descansar bien, mañana nos queda un largo día.
Ese día comenzó con un desayuno acompañado de un largo paseo. El edificio de la Ópera que albergó a los mayores genios del momento, la Place Vendôme, el Palais de l’Élysée y finalmente Champs-Élysées hasta llegar al Arco del Triunfo.
Ella – Quiero ver París desde arriba.
Un calor casi asfixiante les acompaño en el gran día soleado. A este le esperaba la mejor o más esperada parada, el Barrio de Montmartre. Cuando ella estudio arte, era el lugar que aparecía en cada página. Toulouse-Lautrec, van Gogh o Pissarro pasaron largas horas en sus cafés encontrando la inspiración.
La Iglesia del Sagrado Corazón culmina y embellece la colina. Blanca y repleta de luz, los 83 metros de altura de su torre principal pueden verse desde diversos puntos de la capital.
Tras una agotadora subida, ambos contemplaron el emblemático edifico y sus magníficas vistas antes de adentrase al barrio bohemio de París.
Pequeñas callecitas en cuesta adornadas con terrazas y sillas de madera. Aunque se hallaba testado de turistas, Ella quiso imaginar aquel tiempo atrás donde en el barrio obrero de París sus personajes más emblemáticos recorrieron sus calles día y noche.

Unas noches oscuras y encantadas que llevaban a una diversión desenfadada en la capital de la libertad. Mujer y hombres disfrutaron de lo que París les brindaba, privacidad e intimidad; entretenimiento y descaro. París les trajo el Moulin Rouge

El tren que les llevaba de nuevo a su hogar partiría a las siete, por lo que decidieron encontrar un lugar fresco y tranquilo para descansar. Que mejor lugar para ello que un Museo.
Edificio extravagante como aquello que alberga, el Centro Pompidou enamoró a la pareja de enamorados. Considerado unos de los Museos de Arte Contemporáneo más importantes del mundo donde Frida o Andy acompañan a sus visitantes por las diferentes alturas del mismo.

Cuando la noche se acercaba, ambos fueron andando hasta la Estación del Norte. Dijeron adiós a una ciudad mágica que volverán a visitar muy pronto, aunque quizás esta vez no verán a París en Polaroid.






